lunes, 13 de enero de 2020

LÁZARO GALDIANO; UNA PIZCA DE NAVARRA EN MADRID

Dibujo torre de San Pedro, fondo Serra
José Lázaro Galdiano nació en Beire en 1862 y murió en Madrid en 1947, en pleno régimen franquista al que donó una multimillonaria colección de arte y libros acorde con una de las mayores fortunas de la época, aunque su tumba en el cementerio de La Almudena es más sencilla que la de muchos panteones de, por ejemplo, el camposanto de Olite.
            En la calle Serrano, cerca de la embajada de EE.UU., tuvo un hermoso palacio, ahora museo propiedad del Estado, que atesora más de 12.600 piezas de arte que no envidian a muchas del Museo del Prado. Cuadros de Goya, El Greco, Velázquez, Zurbarán o El Bosco forman parte de una muestra permanente junto a joyas, retablos, muebles, monedas, armas, grabados o fotos ... La colección de libros ronda los 20.000 volúmenes, algunos sin expurgar a fondo.
Apuntes de Olite y Tafalla, Jaime Serra y Gibert
            Da la impresión de que Lázaro se olvidó pronto de Navarra... En su difusa, incluso oscura, biografía aparece primero como discreto empleado de banca y, después, como periodista crítico de arte en La Vanguardia de Barcelona. A Madrid llegó en 1888, para hacerse editor de revistas ilustradas. Pero está claro que todo aquello del periodismo no pudo darle para amasar grandes fortunas...
            Fue su mujer, la argentina Paula Florido, que se casó tres veces, la que aportó un capital tan importante que llevó a la pareja a reunir la mayor colección privada de arte de España. En la exposición del edificio de tres plantas del ahora Museo Lázaro Galdiano aparece poco el rastro que en el beirense dejó el terruño donde nació.
Lázaro Galdiano nació en Beire en 1862
            “Navarra en el corazón”, sin embargo, se tituló un pequeño libro, casi folleto, que editó en 2009 la Fundación que lleva su nombre y el Gobierno de Navarra. En lo más cercano, el director gerente escribió unas palabras para, algo forzado, vincular al magnate a su raíz y, por ejemplo, señaló que el Palacio Real de Olite, a cinco kilómetros de su Beire natal, fue un lugar “que siempre recordó con añoranza por las visitas que hizo siendo niño acompañado de su padre”.
            El escritor Arturo Campión era primo, “casi su hermano”, y junto a su familia “la persona más próxima a él  en Navarra”. El también político nacionalista, cuando acudía a Madrid, se hospedaba en casa del millonario. Otros amigos navarros fueron el fuerista Hermilio de Olóriz o, también relacionado con Olite, Constancio Garrán “a quien pudo conocer en su etapa estudiantil en Valladolid”
            De los amplios fondos de la Fundación, el Gobierno de Navarra rescató para su publicación “Palacio Real de Olite, 1869”, agotado desde hace años, un trabajo sobre la memoria escrita por Iturralde y Suit para pedir la restauración del monumento e ilustrada con unos muy bonitos dibujos de Lagarde.
Portada de la publicación sobre fondo navarro
            Merecería la pena indagar más en la inmensa biblioteca del magnate, en la que, entre los pocos temas navarros, también hay clasificado algún conocido grabado del castillo o los escritos que publicó sobre sus ruinas Bécquer en varias revistas. Por muy despegado que fuera el de Beire, uno de los mayores coleccionistas del mundo a comienzos del siglo pasado, alguna vez se tuvo que topar con una moneda, un cofre, una cerámica medieval, la heráldica en un arma de fuego o algo que le devolviera un poco más Navarra.
            Hay que buscar mejor, investigar una buena biografía de sus primeros años difusos y, por ejemplo, traer a Navarra (a Olite mejor) una muestra itinerante del inmenso tesoro cultural que reunió el mayor coleccionista privado del siglo XX. Ojalá hubiera sorpresas.

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