domingo, 18 de septiembre de 2016

LAS FIESTAS DE AYER Y HOY

Fachada del Nuevo Casino
Por Ángel Jiménez Biurrun
Si revisamos la historia de las fiestas patronales de Olite en las últimas décadas observamos que la sociedad ha registrado una transformación vertiginosa. Los documentos de los archivos son siempre una buena fuente de información. Sabemos por ellos que en 1625, hace casi cuatro siglos, las fiestas se celebraban el día de san Pedro, patrón de la villa, que luego fue ciudad.
            Aquel año, como era costumbre, los regidores contrataron una compañía de teatro para hacer comedias durante tres días. Llegaba en carro desde Peralta. El compromiso municipal también incluía darles posada y comida. Ese año, además, se compraron tres toretes para correrlos por la calles.
            Los tiempos evolucionaron. Se celebraron corridas de novillos el día del patrón. Tomaron más fuerza a partir de 1850, cuando las fiestas se trasladaron al día 14 de septiembre, fecha de la Exaltación de la Santa Cruz. La mayoría del pueblo pertenecía a la cofradía de la Vera Cruz, que ya tenía tradición de celebrar la jornada con novillos. Su reglamento guardaba una cláusula que mandaba que el presidente fuera el Alcalde del pueblo así que, desde ese año, dejaron de contratar comedias y fue el pueblo el protagonista de la fiesta.
            En el siglo XX ocurrió otra trasformación importante. En la época había dos sociedades, una de tendencia carlista y otra liberal que influían en el desarrollo de las fiestas. Los liberales eran los ricos del pueblo. El casino se les había quedado pequeño y en la Plaza construyeron un gran edificio. Colocaron un letrero que decía: Casino Nuevo. Allí celebraban sus fiestas de sociedad, con música que salían de un gramófono. También había un valioso piano y en fiestas traían músicos de prestigio para que tocaran.
            Los carlistas, que eran mayoría, tenían la sede en el Círculo Católico de Obreros, al amparo de las obras sociales de D. Victoriano Flamarique, en un local situado en el Camino Real. De esta sociedad nació la cuadrilla de los “Gilitos”, la más popular en la historia de las fiestas de Olite. Perduró más de tres décadas y todos los años entraban jóvenes que cubrían vacantes de los mayores.
            En Olite siembre ha habido cuadrillas de vocación taurina. En aquella época los festejos bufos los hacían los “Gilitos”. En 1920 prepararon la primera charlotada con toda clase de trucos y simulacros, varios de su propia invención. De Charlot hizo Eduardo Elcid, el “Chato”. Le acompañaban Llapisera, Marcelino Landívar, “Morico”; Botones o Daniel García, el “Chalao”.
Paisanos en un a capea de 1921
            Cuando terminó la guerra civil que estalló en 1936, las fiestas, en parte, tomaron otro rumbo por la influencia que imprimieron los triunfadores del conflicto. Las cuadrillas de antes desaparecieron y se formaron otras nuevas. El balcón de la vieja Casa Consistorial estaba ahora presidido con ediles de boina roja y el Ayuntamiento solo obsequiaba la carne del novillo que se lidiaba a los voluntarios que habían salido con el bando vencedor.
            La clase social más alta, el clero y parte de la sociedad caminaban hermanados bajo el manto de la religión. Del grupo de Acción Católica nació la cuadrilla del “Trueno”, la más popular de la época. El nombre que a primera vista parecía de jóvenes tarambanas acogía todo lo contrario. Las normas morales eran rígidas. Recomendaban moderación con el vino, respeto a la novia (que no podía ir a los encierros), no había que ponerle la mano en el hombro ni bailar agarrado.
            Con música de Andrés Fernández y letra de Luis Andueza, los del “Trueno” cantaban: “Alegría sana es nuestra divisa, pues jóvenes somos hemos de tener el cuerpo y el alma en franca armonía bailando y cantando hasta enronquecer. Somos los del Papa, somos los del Trueno, como su buen humor”.
            La acostumbrada diana del primer día de fiestas siguió, pero con los años el resto de la semana iba semivacía. Solo acompañaban a los músicos algunos “cantamañanas”. En estas dianas sin casi gente se hizo popular un vecino alpargatero al que apodaban “Lombricina” porque era pequeño y delgado. Acostumbraba a bailar la diana el último día y cuando acababa solía cantar: “Pobre de mí, pobre de mí, se ha acabado las fiestas igual me da morir”. Y a los tres días se murió.
            En 1975, año internacional de la Mujer, el segundo y semidesierto día de las dianas de fiestas fue rescatado por ellas, que supieron hacerla suya, darle ambiente y colorido hasta hoy.
            Los tiempos cambian y hemos pasado de una vida agraria y rural a otra industrial. Han desaparecido costumbres y modos de vida que parecían muy enraizados. Otras han cobrado fuerza, como el cohete que a las 12 horas del víspera anuncia la fiesta o la concentración del riau-riau que acompaña al Ayuntamiento a las vísperas en la iglesia de Santa María. También se han creado nuevos hábitos, como la mencionada diana de las Mujeres, los calderetes populares, el día de la Merindad, las fiestas del Niño, el día de los jubilados o la paellada en la Plaza.
            Las fiestas de los pueblos siempre han generado alegría, regocijo y diversión. Han sido quebranto de las normas de la vida cotidiana y Olite ha sido en su historia ejemplo de ello.
La cuadrilla del Trueno de paseillo hacia la Plaza de Toros (1950)

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